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nuestra cultura: canciones

Cafetín de Buenos Aires

Tango de Discépolo y Mores.
Los cafés porteños guardan la tradición de la charla entre amigos.
Es el espacio para un foro filosófico, la revelación literaria, la dirección técnica de fútbol, la terapia psicológica de entrecasa. Antiguamente eran reductos casi exclusivamente masculinos. El tiempo los modernizó, tanto en las costumbres como en las formas, pero perduran en cantidad y en esencia.

Café TortoniDe chiquilín (niño) te miraba de afuera
como esas cosas que nunca se alcanzan
la ñata (nariz) contra el vidrio,
en un azul de frío
que sólo fue después, viviendo,
igual al mío.
Como una escuela de todas las cosas,
ya de muchacho, me diste, entre asombros,
el cigarrillo,
la fe en mis sueños
y una esperanza de amor.

¿Cómo olvidarte en esta queja,
cafetín de Buenos Aires,
si sos lo único en la vida
que se pareció a mi vieja (madre)?
En tu mezcla milagrosa
de sabihondos y suicidas
yo aprendí filosofía,
dados, timba (juego por dinero) y la poesía
cruel, de no pensar más en mí.

Me diste en oro un puñado de (algunos) amigos
que son los mismos que alientan mis horas:
José, el de la quimera;
Marcial, que aún cree y espera
y el flaco Abel que se nos fue (se murió)
pero aún me guía.
Sobre tus mesas que nunca preguntan
lloré una tarde el primer desengaño,
nací a las penas, bebí mis años…
¡y me entregué sin luchar!

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