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Los 10 que no sacamos en otras materias

por Roberto Fontanarrosa, el Negro (fragmentos de un artículo sobre Maradona publicado en Clarín; su título refiere al número que Maradona usaba en su camiseta y al número máximo que un alumno puede tener en el colegio o universidad por su trabajo)

… Maradona no aparece por generación espontánea. Maradona aparece como un fenómeno celeste anunciado, como un cometa Halley ya previsto, para convertirse, por cierto, en un rasgo distintivo de los argentinos, como puede serlo la sonrisa de Gardel o la cadencia tanguera de Piazzolla, porque, ubicuo, ya estaba en nuestra memoria popular aun antes de calzarse los primeros botines (especie de zapatillas) de fútbol.

(…) Históricamente se destacaron también en el fútbol, por supuesto, los vigorosos, los combativos, los incansables, los leoncitos, los hacha brava, los que pateaban como unas bestias... pero, el jugador emblemático, el que en cualquier parte del mundo se reconocía como argentino (o rioplatense) siempre fue el de gran manejo, el imaginativo, el mágico, el fantasioso. Y Maradona nos trajo la versión más acabada de ese jugador, la más perfecta, la de última generación. Batistuta es grande, y ya algunos taxistas avispados (advertidos) de New York suelen asociar «¿Argentina?»... «¡Batistuta!». Pero, si un marciano llegara a ver jugar a Batistuta y no supiera su nacionalidad, bien podría pensar que el Bati es italiano, o inglés, o bien, germano. No sólo por ser rubio y de ojos claros, o corpulento. Sino por ser fuerte, noble, potente y empecinado. Pero, si el mismo marciano llegara a ver jugar a Maradona y (por su misma índole marciana) no conoce a qué país pertenece, dirá, sin duda alguna: «Este muchacho es argentino».

Podría llegar a confundirse, tal vez, con un uruguayo, o con un brasileño. Pero no mucho más. Por eso, en un país como el nuestro, donde la globalización nos va dejando sin rasgos identificatorios, ese sello de identidad es un orgullo (…). En un mundo donde el capitalismo está logrando alcanzar los objetivos del comunismo con aquello de que «todos los hombres son iguales», visten la misma ropa, usan la misma gorra, comen la misma hamburguesa, beben la misma gaseosa y se mueren de hambre de la misma forma, los argentinos tuvimos un modelo de corte y colores propios. Y aceptado mundialmente.

(…) A menudo, cuando no encuentro la definición acertada de algún personaje muy complejo, suelo recurrir a la síntesis de las enciclopedias. Y me pregunto: «¿Qué diría una enciclopedia, dentro de 100 años, sobre esta persona?». Y en el caso de Diego, supongo que esa enciclopedia dirá, con la austera severidad de las enciclopedias y prescindiendo de chusmeríos (intercambio de chismes), escándalos o escandaletes (expresión despectiva por “escándalos”): «Maradona (Diego Armando). Genial futbolista argentino (1960) que regaló felicidad a todo un pueblo».

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