nuestra cultura: curiosidades
El Mate
“Hierba
del demonio”, llamaban los conquistadores a una extraña planta
verde –extraña para ellos, pero no para los nativos– que
los indios usaban para preparar una infusión. No era demoníaca por sus efectos sino por la seducción que ejercía.
La leyenda dice que los dioses crearon la yerba mate para agradecer y perpetuar
la solidaridad que recibieron una vez que bajaron a la tierra. Y parece cierto,
porque aún hoy, pobres y ricos comparten en ceremonias más o
menos íntimas el sabor verde del mate.
La infusión se sirve en un recipiente pequeño hecho con rústicos
frutos vacíos, madera ahuecada o fina plata labrada (el mate).
Se le coloca yerba hasta los dos tercios y un tubito fino y alargado (la bombilla)
cerrado en un extremo con pequeños agujeritos y abierto en el otro,
por donde se chupa el líquido. El agua se calienta hasta antes del
hervor y se echa suavemente junto a la bombilla. La yerba sube con algo de
espuma. Entonces se bebe de a pequeños sorbos mientras se piensa, se
lee, se trabaja o se conversa, si es que la ceremonia es compartida.
En rueda, se da un mate a cada uno sin alterar el orden de los tomadores ¡y
todos toman con la misma bombilla!
El
mate tiene fanáticos que hablan maravillas de su sabor, de su valor
social, del significado regional, y también opositores, que no resisten
la idea de compartir una bombilla o una costumbre tan popular. Lo cierto es
que sobrevivió a la conquista, a las inmigraciones –italianos,
españoles, judíos, alemanes lo toman como nativos– y a
las modas fast food.
Para el exterior, es un producto de exportación comercial y cultural. Para
el interior, un elemento de indentificación.
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